Mostrando entradas con la etiqueta Cuento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cuento. Mostrar todas las entradas

lunes

Tengo guardadas palabras doradas
que dicen todo lo que suelo callar.

No busco comprar un lugar
en el tiempo que das.

No busco mirar más allá de tu cara,
de tus orejas perforadas,
de tu mirada.

Recuerdo cuando jugaba a montar la yegua,
le acariciaba el lomo mientras,
y con palabras tontas,
me abría paso entre su cabellera y sus ojos
que percibían todo.

Un día me vi como nadie gritando poemas
borracho de miedo y cansado
de tanto llorar.

Ella sólo soñaba con brincar la cerca,
hasta que empezó a correr,
y así, mató a Dios.

¿Dónde está el aire?


Durante la primera hora, ubicó a todos alrededor de ella en una gran ronda que deformó todo el salón. Cuando por fin el silencio tomó la palabra, con voz pausada y segura la maestra comenzó a hablar acerca el aire, niños y niñas fueron maravillados con ‘aire’ que no conocían pero que les mantenía vivos, a ellos, ellas y todo animal que en la Tierra viviera; nadie pudo quedar indiferente frente a tan maravillosa cuestión. En su astuto intento de manipular la situación para hacerte entender el pequeño gran detalle que nadie pretende o puede comprender, la maestra terminó la charla y avisó con entusiasmo la hora de la siesta.

Una hora más tarde y adormecidas, todas las parejas de ojitos redescubrieron los matices de la naturaleza y avivándose todos y todas, corrieron a jugar los mejores juegos que aquel patio gigantesco les permitía. Al rato, pausada, pensativa y confundida se acercó una alumna a la maestra y a quemarropa hizo la pregunta que mejor agració mi conjuntivitezca velada: 
“Pero maestra, ¿Dónde está el aire?”
La maestra, indiferente a las consecuencias  que pueda llegar la niña con su respuesta y más interesada en aquel macro-mundo paralelo que bien la estudia con cautela o con despiste, señaló con su meñique nada más y nada menos que un punto al azar. La niña en su confusión, seguía hacia la izquierda de la maestra la trayectoria que el dedo en cuestión le trazaba conducida a ningún otro lugar más que unas montañas en el horizonte de aquel pueblo, aun tratando de descubrir aquel punto azaroso y lejano donde suponía que se encontraba el aire, enfocaba su visión entrecerrando los ojos...